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Chile y Europa: diferencias y desafíos en materia de participación vecinal

Chile y Europa: diferencias y desafíos en materia de participación vecinal

Una economista y cientista política italiana, un investigador español y un sociólogo maulino analizan ambas realidades.

“Creo que en Chile existen distintos ejemplos de empoderamiento vecinal y participación ciudadana generados de forma autónoma en relación a temas específicos. La sensación es que en Chile existen disposiciones legales e instrumentos, pero a nivel comunitario se percibe una mayor desarticulación y menor  propensión a la construcción y cuidado del bien común, como posible efecto del período de la dictadura cívico-militar”, analiza Elena Pisani, cientista política italiana y doctora en Economía Territorial, durante su estadía en Talca.

La investigadora de la Universidad de Padua agrega que “tal vez, una mayor agregación entre estos grupos y movimientos podría ser el próximo paso, aunque se trata de un proceso complejo. Esta es la vía principal (la articulación) para construir tejido social, no creo que el Estado deba ser el actor central a la hora de impulsar procesos participativos: la mayor tarea le cabe a la misma ciudadanía, que debe tomar conciencia, responsabilizarse y generar acción colectiva”.

Para el español Tomás Rodríguez-Villasante, experto en metodologías participativas “en todas partes se cuecen habas”. A su juicio, en su país “hay cosas exitosas que merecen ser estudiadas, pero también otras muy negativas, es decir, existen pasos hacia adelante y pasos hacia atrás”. “Yo pongo el ejemplo de casos en Barcelona, Madrid, Málaga, Sevilla, que fueron planes exitosos, pero que se quedaron solamente en un barrio y ni siquiera se generalizaron a toda la ciudad, a todo el territorio o a leyes estatales o europeas”, lamenta.

El profesor emérito en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid afirma que “en Europa, o al menos en España, lo que está dando más fuerte es lo que llamamos el municipalismo, que engloba incluso a candidaturas electorales, a movimientos sociales y grupos más partidarios”. “Hay foros locales, asambleas de barrios, que no están tan reguladas por una ley ni son tan formales… Se está innovando. De todas formas, no son cosas generalizadas, están apareciendo y es un nuevo camino que se está abriendo y que todavía va a tardar en consolidarse, por lo menos, una generación”, explica Rodríguez-Villasante, quien hace algunos meses estuvo de visita en nuestro país.

ANTECEDENTES HISTÓRICOS

El sociólogo maulino Francisco Letelier lleva dos años cursando un doctorado en Geografía y Planificación Urbana en la Universidad de Barcelona. Él cree que el caso de nuestro país es diferente a lo que ocurre en Europa y en la mayoría de los países de América Latina. “En Chile la irrupción del movimiento población/vecinal coincidió con el inicio de la dictadura. Era peligroso para el nuevo régimen. Tenía capacidad de acción en múltiples escalas y participaba activamente en discusiones públicas que iban más allá de lo vecinal. Esto implicó una fuertísima represión a lo poblacional y una inmediata proscripción de las juntas de vecinos. Luego vino la intervención y la clientelización de las organizaciones y en 1989, justo antes de dejar el gobierno, la dictadura promulgó una ley de organizaciones sociales que promovió la extrema fragmentación de las organizaciones vecinales. En suma, toda la fuerza que el movimiento había alcanzado a principio de 1970 fue desmantelada. De ahí en adelante todas las reformas urbanas de corte neoliberal se hicieron sin el contrapeso de las asociaciones vecinales”, sostiene el académico de la Universidad Católica del Maule (UCM).

Letelier agrega que “un ejemplo contrario es lo que ocurrió en España, donde el auge del movimiento vecinal coincidió con el declive de la dictadura franquista. Esto posibilitó que las organizaciones vecinales fueran protagonistas centrales en las reformas urbanas de la transición a la democracia, y siguieran siendo un actor fundamental durante los gobiernos posteriores”.

El sociólogo detalla que –en términos prácticos- estas diferencias se ven reflejadas de diversas formas. “Primero, en la calidad urbana de las ciudades. Mucha de la infraestructura y del equipamiento que uno encuentra en los barrios es producto de demandas vecinales o de acciones de defensa de bienes públicos. Por ejemplo, en Barcelona, un ayuntamiento de un millón 600 mil habitantes, tú tienes 40 bibliotecas públicas de alto estándar. Por más pobre que sea un barrio, está totalmente equipado y contactado a la ciudad a través del transporte público. Por otro lado, muchas de las movilizaciones ciudadanas por temas como las pensiones, la lucha contra la violencia de género o los recortes en el gasto público, se articulan a nivel de los barrios y sus organizaciones. Los barrios son actores importantes de la vida urbana y social de la mayoría de las ciudades de Europa”, describe.

Letelier, que además es investigador del proyecto FIC “Territorios Vecinales Innovadores”, afirma que en Europa existen una serie de situaciones que facilitan la articulación y empoderamiento ciudadano.

“Lo primero es que hay una larga historia y cultura de asociacionismo vecinal que tiene expresión en una gran diversidad de temas e intereses, hay organizaciones para todo. Luego, existe una vida barrial intensa, con mucho equipamiento comunitario, comercio y servicios de proximidad, esto facilita el encuentro y la creación de redes entre los y las vecinas. Tercero, hay varios instrumentos, a nivel de leyes, que obligan a que la inversión y la planificación sean decididas a nivel de barrio”, comenta.

No obstante, aclara que “todo esto no implica que en Europa, y en España en particular, los valores individualistas y el abandono de lo público no vayan en aumento. Al mismo tiempo, las políticas de barrio mal entendidas, es decir, aquellas que nos hacen creer que vivimos en barrios separados y desconectados unos de otros, también se han masificado”.

PRESUPUESTOS PARTICIPATIVOS

Rodríguez-Villasante destaca los presupuestos participativos como una herramienta digna de replicar, la cual tuvo su auge en Brasil a finales de la década de 1980. En Madrid, por ejemplo, este año se destinaron 100 millones de dólares a ese ítem. Son los propios ciudadanos los que postulan los proyectos, los cuales deben ser visados técnicamente y luego sometidos a votación popular para definir qué iniciativas finalmente serán ejecutadas.

“Yo creo que es un reto importante en todo el mundo. Es una forma donde la ciudadanía decide cuáles son sus necesidades y cuáles las políticas cada año, donde se prioriza el presupuesto público sin que intervengan los partidos más que en el momento en que el pleno aprueba lo que han decidido vecinos de la sociedad civil. Es la ciudadanía la que va construyendo propuestas y finalmente las somete a una votación popular. Es un nuevo estilo de hacer política donde la sociedad civil tiene un protagonismo tan importante como las fracciones partidarias”, resalta el investigador español.

Francisco Letelier explica que “en Chile esta herramienta se ha utilizado poco. Una de las limitaciones es que las municipalidades tienen recursos de inversión muy limitados; así, las comunidades terminan discutiendo largo tiempo sobre proyectos de poco impacto. El desafío sería incorporar fondos regionales y sectoriales a procesos de planeación territorial participativo”.

Pero más allá de cualquier ejemplo internacional, Pisani cree que “es importante que Chile desarrolle de manera autónoma una política para sostener en términos metodológicos la articulación vecinal y la relación con las autoridades para el cogobierno de los territorios locales. Sin duda es interesante mirar experiencias externas, pero el riesgo es importar instrumentos sin una mirada crítica, entendiendo que éstos se han desarrollado en otros contextos”.

En cuanto a los pasos a seguir en nuestro país, Letelier sostiene que “por lo pronto necesitamos un nuevo marco de política para el desarrollo de lo vecinal. La actual legislación dificulta la articulación entre organizaciones y no les reconoce poder alguno para incidir en los asuntos públicos. No hay formación sistemática, ni apoyo técnico. Las necesitamos. Es fundamental incorporar un nivel de participación subcomunal a los procesos de inversión y planificación, que puede ser a nivel de unidad vecinal o de una agrupación de ellas. Por otro lado, hay que promover la vida vecinal, con más equipamiento comunitario, más financiamiento para actividades festivas y de ocupación de los espacios públicos, densificando a través de la construcción de edificios de baja y mediana atura que incorporen placas comerciales y servicios, etcétera”.

EXPERIENCIA TALQUINA

Respecto de Talca, los expertos valoran el trabajo desarrollado por las Mesas Territoriales de Las Américas y del Territorio 5. “Es muy interesante. Además del enfoque participativo, destaco la lógica de intervención que apunta a superar la escala de las juntas de vecinos, para abrir la visión hacia ámbitos territoriales más amplios caracterizados por problemáticas similares. Este proceso sin duda ayuda a reforzar el sentido identitario en los diferentes territorios de Talca, con la intención de mejorar la calidad de vida de sus habitantes. Además, la voluntad de los ciudadanos de presentar el trabajo a las autoridades locales y hacerle seguimiento a los compromisos contraídos, refuerza la interconexión entre actores públicos y privados y facilita un mayor interés del actor público en las problemáticas reales percibidas por el territorio”, valora Pisani.

Esta experiencia ha servido como base para el proyecto “Territorios Vecinales Innovadores” ejecutado por las Escuelas de Sociología y Trabajo Social de la Universidad Católica del Maule (UCM) en conjunto con Corporación SUR, el cual es financiado por un fondo FIC del Gobierno Regional y cuyo objetivo es construir un modelo replicable de articulación vecinal a escala territorial en la región del Maule.

“Me pareció excelente. Es muy gratificante comprobar que en Chile hay este tipo de profesionales y comunidades capaces de organizar este tipo de planes desde la sociedad civil”, expresa Rodríguez-Villasante.

En tanto, Letelier comenta que “es una experiencia muy innovadora. En Europa, si bien hay instrumentos que facilitan que los habitantes tomen decisiones, los procesos de articulación entre barrios distintos no son comunes. Los planes son a nivel de barrio y cada barrio se entiende como una unidad separada del resto. En el caso de Talca, y considerando que la fragmentación organizacional es enorme, las organizaciones vecinales han logrado escalar a un nivel territorial mayor. En una ciudad intermedia, cuando se articula un territorio de 10 mil habitantes, este territorio logra construir una voz política capaz de interpelar a la ciudad entera. Esto es bastante novedoso incluso para lo que he visto en España, aunque está aún en una etapa muy inicial”.